Cuentan los ancestros que, en los tiempos
primordiales, el fuego y la tierra susurraban
secretos a quienes sabían escuchar.
Dicen que en el corazón de Oaxaca, donde el viento
lleva los ecos de la montaña y el aroma del maíz
recién molido, nació Bibani, una cocina viva, un
latido que nunca se apaga.
Los antiguos entendían que cada ingrediente tenía un espíritu, que la
cocina no era solo alimento, sino un rito, un lenguaje entre los hombres y
los dioses. Bibani es la continuidad de ese legado: una casa abierta a
chefs de todo el mundo, un refugio donde las tradiciones dialogan con la
innovación, donde el pasado y el presente se funden en un solo bocado.
Como el humo del copal que se enreda en los cielos,
nuestra cocina abraza lo místico y lo ancestral. Cada
plato es un conjuro de fuego, agua y maíz; cada
sabor, un portal hacia la memoria de un pueblo que
nunca deja de reinventarse.
Aquí, la mesa es un altar.
El comensal, un viajero en el tiempo.
Y la cocina, un espíritu que respira y se transforma.